You´re the one (una historia de entonces)

julia

19 de diciembre. Autora: Marian Gómez

Quizás fue su gusto desmedido por las películas de Garci. O la banda sonora de “Historia de un beso”, o la de “You’re the one”. La verdad, no lo sé. Es tratar de buscar un “culpable”, un algo que sostenga y dé cuerpo al tiempo y al cariño que una vez hubo. Historia de lo que se tuvo y no fue.
Venían ambos de vidas complicadas, de pasados revueltos y presentes zigzagueantes que no auguraban ningún futuro certero. Ella, herida, destrozada, soportando el peso de una mentira, la traición de su compañero, el abandono y la infinita soledad.
Él, perdido en su existencia, sin encontrarse, aguantando la carga de saberse e intentando, a su manera, cambiar.
Uno más uno que no llegaron a sumar.
La vida, cuando mueve tus dados en su cubilete, no te da mucha opción a opinar. Estás en la partida. Quieras o no quieras, tienes que jugar.
Y, en este juego de reglas tácitas, apostar sin realmente querer apostar, lo que se dice apostar por apostar, no es sino otro remiendo, uno más. Vidas con costuras gruesas, bajos descosidos y sin botones que abrochar.
Un total de algún paseo, varios besos y mucho charlar. Una pizca de ilusión renovada. Sentirse bonita y deseada. La versión femenina de sus días con él.
Un puñado de cariño, lo que dice que nunca tuvo, y unos ojos que le ven. La vivencia de ese tiempo en la mente de él.
Una obra en coautoría, dos versiones de la misma historia y una moraleja que ya desde el principio avisaba, y es que, no hay un final para aquello que nunca llegó a comenzar.
Porque creían que podrían llegar a quererse, engañados por la estela de su pasado.
Porque el tiempo era más ligero en compañía, aunque luego, en su soledad, los por qué pesaran más.
Porque se redescubrieron como humanos, como personas, dignas de ser y merecer. Y sólo por esto, y cada uno por su lado, aceptaron todas y cada una de las cartas que el destino fue repartiendo.
Hoy, mientras él continua su búsqueda, no sabiendo muy bien de qué, ella empieza a arreglar su propia vida. Una vida a su medida. Una en la que, de vez en cuando, y en los momentos más difíciles continúa recurriendo “a su Garci”. Repitiendo diálogos aprendidos. Aplicándolos como un mantra. Sintiendo como nunca, con los ojos cerrados y los puños prietos cuando empiezan a sonar los primeros acordes de la película. Y llorando. Llorando como llora la protagonista, llorando a lo Lydia Bosch en la piel de Julia, la de Garci, al ritmo que marcan las gotas de lluvia, en su Asturias, en su “You’re the one”.

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