Siglo XXI y redes sociales

 

Gema pic

3 de junio. Autora: Gema San Juan

Con nuestro Smartphone a todas partes y en todo momento, es una imagen habitual y que se repite en aquellos lugares a donde llego y me cruzo con gente: en el bus, salas de espera, reuniones, bibliotecas, estudiantes saliendo de clase, dos personas en un restaurante y cada uno mira su teléfono, cafés con amigos en las que dos charlan y el resto está perdido comunicándose en alguna red social. Continuamente revisamos nuestro Facebook, Twitter, Instagram, respondemos a un WhatsApp… ¿Dónde nos conduce esta estampa cotidiana de una sociedad hiperconectada, cada vez mayor número de personas, y cada vez más jóvenes? Los expertos alertan del progresivo aislamiento del mundo real. Lo cual me lleva a buscar en la Wikipedia el nombre de esta posible enfermedad y ahí está: nomofobia, es el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil, una tremenda ansiedad incontrolable que nos invade.

Es preocupante que el 74%  de los españoles, dedique más atención al móvil que a su pareja, sobre todo si, como me pasa a mí, reconoces que estás dentro de ese increíble porcentaje. Una compañera periodista me dice: “ WhatsApp nos facilita recados y la comunicación en momentos en los que no podemos hablar o estamos ocupados, pero también supone invertir una gran cantidad de tiempo, respondiendo a mensajes en cadena, reenviando vídeos, interactuando con grupos que no recuerdas quien te ha metido… y lo terrible que es, cuando a muchos de un mismo grupo les da por escribir en varios mensajes, en vez de hacerlo en uno solo, veo que se entrecruzan con los del otro, total hay un momento en el que me doy cuenta que llevo media tarde intentando descifrar lo que cada uno quiere decir”

No vale con quitar el sonido, pues instintivamente hay un momento en el que vuelves a observar la pantallita; después de meditarlo, pienso, que lo mejor es apagarlo en esos momentos en los que el trato personal es tan gratificante; al desconectar nos vemos obligados a charlar, interactuamos de otra modo, miramos a los ojos de los que nos rodean, nos sentimos más libres. He estado cuatro días en un valle de Burgos con mis amigos, no he me llevado mi teléfono, y,  cuando he vuelto, me he dado cuenta que el  mundo sigue girando igual, aunque yo haya aparcado mis redes sociales.

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