Rompamos el techo de cristal

meli

17 de octubre. Autora: Amelia Casares

El techo de cristal se refiere a los obstáculos que se encuentran las mujeres para llegar a puestos directivos en igualdad de condiciones y salarios.

Me alegra ver, en múltiples medios de comunicación y en redes sociales, que las mujeres están llegando a todos los ámbitos profesionales y van escalando puestos en las pirámides organizacionales de las empresas, sin embargo, un número muy pequeño de ellas consigue acceder a puestos directivos de nivel superior. A mayor escala de la jerarquía, menos proporción de mujeres hay. Y la tasa de progresión a esos peldaños de la jerarquía es lenta y a veces desalentadora. Muchas mujeres, para llegar arriba, tienen que demostrar que son excepcionales en todo.

Hay que pararse a pensar en cuáles son los motivos por los que mujeres con larga trayectoria profesional, con capacidad, con formación y con aspiraciones directivas no consigan escalar a la cúspide de la pirámide organizacional de las empresas. Las mujeres llevan más de 60 años con plena incorporación al trabajo, pero la proporción de ellas que ha conseguido llegar a la cima es mínima.

Existen algunos estereotipos que impiden este ascenso, tales como:

  • Se presupone que las mujeres tienen una menor disposición a aceptar puestos de responsabilidad, especialmente si eso implica horarios largos de trabajo, viajes y traslados.
  • Existe la creencia de que los hombres son mejores directivos; que las mujeres siempre priorizarán sus responsabilidades familiares a las profesionales.
  • Se piensa que los rasgos característicos del buen directivo se corresponden más con aspectos típicamente masculinos.

Siempre he estado en contra de la “discriminación positiva” porque consideraba que no se puede dar prioridad en ningún caso a las mujeres sobre los hombres y viceversa, pero después de mi larga trayectoria profesional he llegado a la conclusión de que esas medidas son necesarias, por lo menos de forma temporal, para acelerar esa incorporación de la mujer a esos puestos.

Las nuevas generaciones, tanto chicos como chicas, van a tener una mentalidad más abierta. En un futuro, será normal que se equilibre la balanza entre hombres y mujeres en esos grupos de élite, pero para acelerar esta trayectoria tan lenta, es necesario que las mujeres accedan ya a esos puestos.

Es fundamental que se establezcan horarios conciliadores y flexibles de verdad y para todos. Flexible no es “tener hora de entrada, pero no de salida”, es ser “productivo” en el horario normal de 8 horas, evitar esas reuniones interminables, el quedarte después de la hora para que te vean… aquí los departamentos de Recursos Humanos y los Directivos tienen mucho que hacer, todo el mundo tiene familia y una vida después del trabajo.

Otro punto clave es inculcar valores éticos y sociales en todos los ámbitos de la sociedad. Sobre todo, en el ámbito de la educación universitaria y de máster, ya que es ahí donde está la cuna de los futuros “directivos” y “directivas”.

Debemos hacer que todos estos condicionantes y prejuicios se eliminen y allanar en lo posible el camino hacia arriba. En nuestras manos está acelerar este cambio: “Rompamos el techo de cristal”

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *