Más allá de tu zona de confort

 

foto-post-marta-alvarez-lunes-28-11-201628 de noviembre. Autora: Marta Álvarez

Valeria pensaba que su vida ya estaba hecha. Tenía 37 años y parecía que estaba viviendo el día de la marmota. Tras su imprescindible café de por las mañanas, se iba a trabajar, comía, volvía a casa a las siete de la tarde, descansaba algo, veía un par de capítulos de su serie del mes y se acostaba. Cada día más de lo mismo. Los fines de semana, salía alguno, quedaba con amigas, iban a algún concierto… Nada estaba mal, ella tenía salud, su familia también, no le faltaba trabajo ni casa. Sin embargo, Valeria no era feliz.

Cuando yo le preguntaba por ello, siempre me respondía lo mismo apesadumbradamente:

– No sé, creo que estoy cansada de mí, de lo que me rodea…

– ¿Y por qué no haces nada? – le respondía comprensivamente.

– Necesito que me pase algo grande.

– Sinceramente creo que deberías aprender a relativizar lo que te pasa y si no, mira a tu alrededor, a tus amigas, por ejemplo. Ya ves María José, con más de 40 años, dos hijos y la acaban de despedir, o Esther, lo que está sufriendo porque su expareja le hace la vida imposible, o Raquel, que acaba de perder a su madre tras una grave y durísima enfermedad y ¿qué me dices de Arancha, que está luchando infatigablemente por que su hijo se cure?

Desde que tuvimos esta conversación, noté en Valeria una actitud algo hostil, quizás por hacerle comprender que debía luchar o quizás por protegerse del miedo que le suponía dar un vuelco a su vida, a salir de la llamada zona de confort. De cualquiera de las maneras, yo la entendí, porque un día yo fui como ella. Me aterraba dar un paso al frente y cambiar. Una vez, una escritora que conocí decía que “lo más importante de los cambios es que te los tienes que creer” y la única persona que puede hacerlo eres tú.

Un par de semanas más tarde, volvimos a quedar e irremediablemente, surgió de nuevo el tema:

– Pero, ¿cómo pretendes que rompa con todo lo que he construido hasta ahora? – me espetó sin más.

– No es cuestión de destruir, Valeria. Tu zona de confort también tiene muchas cosas y personas que te hacen sentir afortunada y feliz, quédate con ellas y desecha las que te impiden avanzar. Tienes que perder el miedo a desarrollarla y ampliarla.

– Ya… ¿Y por dónde empiezo?

– Sé que el camino de reinvención no te será fácil. Tendrás días desanimados en los que quieras tirar la toalla, pero cuando pasen, tienes que acordarte de porqué quisiste cambiar, de lo que no te gustaba de tu vida anterior. Todos tenemos un talento, algo que nos apasiona y en lo que somos buenos. Como decía Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

Valeria se quedó absorta mientras le estaba hablando y percibí que pedía sin decirlo una explicación más práctica.

– Mira este vídeo que encontré hace tiempo en Internet. Nunca debemos dejar de explorar nuestra “zona mágica”, allí seguro que te sucederán las cosas grandes que necesitas.

– ¡Puf, es tan complicado…! No creo que mi familia lo entienda y tampoco creo que pueda sola – se resistía.

– Sabes que no lo estás, Valeria. ¿Te acuerdas de la asociación en la que entré hace unos meses?

– Eh, sí, TEAM no sé qué…

– TEAM Valladolid se llama. Allí todas estamos pasando o pasamos en algún momento por lo mismo que tú. Podías venir un día y nosotras te ayudaremos.

– No sé…

– ¡Venga, Valeria, no tengas miedo! ¿Sabes cuál es nuestro lema?

– No, dime… – contestó, por primera vez, con una mirada de curiosidad.

#HazQueSuceda.

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