Las Palabras se SIENTEN

3  de Julio de 2017. Autora: Maria del Carmen González Sanz

A estas alturas del cuento todos sabemos la gran fuerza que tiene el lenguaje, pero siempre es necesario tenerlo presente para saber manejar su poder en todos los ámbitos de la vida, ya sea en nuestras vidas cotidianas, ya sea en el mundo empresarial.

De niños las primeras palabras que llegaron a nosotros fueron pronunciadas por nuestros padres, y creo que antes de aprender el lenguaje materno, lo sentimos en la piel. Así, las palabras, podían ser un refugio emocional si eran suaves, y su sabor se tornaba dulce, y con sus dedos diminutos e invisibles nos acunaban en un espacio de protección sin límites. También desde la infancia percibimos la dureza de las frases, el sabor amargo de una riña, ¿quién no sintió entonces la expulsión del paraíso, la soledad, y la tristeza?

Creo que esta realidad lingüística deja huella, y reaccionamos a los tonos de voz, y a determinados vocablos con memoria inconsciente. Las palabras dulces y amables nos estimulan, nos lanzan a logros, nos refuerzan la autoestima, nos alegran y nos alían con lo bueno de la vida. Las palabras amargas y duras, nos hieren, nos hunden en inseguridades, nos empequeñecen; y por supuesto, nos desapegan del mundo y nos enfadan.

Todo lenguaje, desde el más común, hasta el más culto, pasando por el lenguaje comercial que se mueve en el manejo de la economía, debe desarrollar la destreza de un tono positivo siempre. El humanismo en los detalles refuerza lo mejor de las personas. Haz que suceda.

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