Érase una vez… “la manada”

Autora:  Mª del Carmen González Sanz. (Maika)

Érase una vez… Así comienzan muchos cuentos infantiles pretendiendo plasmar una enseñanza.

 

Curiosamente, en el simbolismo de los cuentos, a las mujeres se nos alecciona con respecto a muchos temas, esos que quedan en el inconsciente… “por nuestro bien”, eso dicen, pero las socias de TEAM pensamos que es por mantener el omnímodo poder de otros. Cuando las mujeres nos salimos del mandato de la enseñanza que dictamina el relato se nos aplica a nosotras un “castigo ejemplar” y nos devuelven al miedo, nos dicen que tenemos horas adecuadas de salida, que el ámbito público, la ciudad y sus plazas es una selva llena de peligros, que debemos ir acompañadas. Se nos cuestiona las intenciones, si fumas, si bebes, si vistes con unas ropas u otras. Los cuentos nos hacen callar mucho, y limpiar demasiado. Nos dibujan obedientes, y las rebeldes tienen consecuencias terribles. Siempre se nos mide con métricas diferentes que a los hombres. Siempre estamos en desventaja.

 

Y aunque estamos en el 2018 hay cuentos que han cambiado muy poco: ayer era “Caperucita”, hoy una “joven de 18 años”, una iba por la naturaleza disfrutando, la otra por Pamplona festejando. ¿Recuerdan cómo el lobo con ladinas artes engaña a la inocente niña haciéndose pasar por amigo, cuando es un feroz y voraz enemigo? Pues en la fábula de hoy “una manada de deshumanizados” son el elemento engañador e intimidatorio. Ambas niñas inician una charla supuestamente amigable con la brutalidad poderosa del incipiente enemigo. En el cuento tradicional un cazador defiende a dos víctimas, porque el lobo aprovechando se come a la abuelita, que representa la experiencia y el buen consejo de la sabiduría, y así, eliminando cualquier elemento de autoridad sublime, es como el lobo que, dentro de una cabaña, fuera de la vista de todos, puede devorar a la niña. En el cuento moderno no hay ningún defensor y todo se sobredimensiona en barbarie, porque “la manada”, al abrigo de un portal, mirándose, grabándose unos a otros en su brutalidad se tornan monstruos, ya que no merecen el adjetivo de animales; se ensañan con la joven humillándola y utilizándola como un objeto. Cabaña y portal son elementos opresivos, cárceles sin salida en la singularidad de ambos relatos, donde la voluntad de la víctima esta sometida. ¿Quién no se paralizaría? A estas alturas del cuento las niñas y los niños suelen saber que es el fin de la libertad de ambas protagonistas, que van a ser violadas, despojadas de su dignidad como ser humano, o muertas. Pero se exige más a las chicas, deben forcejear, resistirse para sumar daño al daño, para salir con marcas físicas, moretones, desgarros, porque las marcas psicológicas imborrables no se ven; y es poco que te violen, te abandonen desnuda, te roben el móvil, te encuentre una pareja en posición fetal y en estado de shock, todo es poco si no hay sangre. Pero saben “el silencio de los corderos no excusa a los carniceros”, como bien dice la sabiduría de Amelia Valcárcel.

 

En la resolución de la fábula infantil se cumple una sentencia, “el lobo muere”, y después rescatan a la niña del interior de las tripas del lobo, y más tarde se rescata a la abuela, y no puede ser de otra manera, porque la justicia y la sabiduría de los años deben prevalecer con vida, que es el simbolismo que nos trasmite la anciana.

En el segundo relato la sentencia se torna un escándalo, unos magistrados sólo ven “abuso”, y el juez sentencia con una condena muy leve. Se cuestiona a la muchacha… ¿Cómo en actos de violación repetidos un juez puede ver “jolgorio”? ¡Es un escándalo!

El sentido común de la ciudadanía no comprende, voces desde todos los ámbitos civiles protestan, frases, símbolos, WhatsApp, manifestaciones en la calle, reflexiones, artículos periodísticos, charlas, encuentros, conversaciones multiplicándose como ondas expansivas. Cada mujer y cada varón que no se siente identificado, ni reflejado humanamente en la sentencia, despierta la simbología de la anciana, y nos hace saber que no debe morir la justicia, y proclama que la “sentencia no es justa”.

 

La tierra toda se conmociona, y TEAM Valladolid lo grita.

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