Cuando Murat duerme

20 de Febrero de 2017.  Autora: Ana Remis

En cuanto me disteis la oportunidad de escribir en este blog, lo tuve claro: Hablar y expresar mi cabreo sobre la injusticia velada que se hace con las mujeres que somos madres, por decisión o no, por parte de esas malditas empresas que proclaman su igualdad en los medios de comunicación y son uno de ellos, por eso son intocables. Muestran su apoyo a causas solidarias y te despiden por solicitar reducción de jornada. Falsas, hipócritas, malditas… Se creen capaces de ser dueños, conductores, coach de nuestras almas y de nuestros úteros.

Son casi 7 años de alegrías y sufrimientos, de reprocharle en silencio mi condición de desempleada, luchas internas sin descanso, y esperando milagros que no llegan, que no existen.

Cuando eres madre biológica, tus lazos ya están creados cuando lo llevas en tu vientre, amarlo no es una opción. Cuando lo eres por adopción, esos lazos debes crearlos, quieres amarle, ¡aún quiero!

Echando la vista atrás, meditas si fue un acto de inconsciencia, de inmadurez o un arrebato. ¡Pero no!, fue algo meditado, no el resultado de una frustración.

Le recuerdo y veo esa carita chiquita, con una sonrisa indiferente hacia mí y unos enormes ojos verdes que te atraviesan, y lloras hacia dentro cuando te observa, no quieres que sea consciente de tu dolor.

Son casi 7 años, en los que he luchado por normalizar el fracaso, en los que he tenido que librar muchas batallas, entre ellas mi papel de madre, por un  lado biológica y por otro adoptante, ambas elegidas.

Quizás lo sea, una ¨mala madre” que esté en esa categoría de personas que quieren trabajar, disfrutar con lo que hacen y tener una familia; en esa categoría de mala madre porque quiere dar a sus hijos lo mejor de este mundo; de esas malas madres que quieren viajar y disfrutar de su marido; de esas malas madres que no quieren estar pendientes de los putos euros para ir al cine o a cenar… quizás sí sea una MALA MADRE, pero eso es una tarea de la que debo ocuparme yo sola.

Les reprocho haberme hecho dudar de mi papel de madre.

Lo he superado, sé dónde está mi lugar, pero después de casi 7 años tengo que encajar las piezas del puzzle que yo misma he destrozado.

Debo tomar distancia y dejar que Murat duerma.

1 comentario sobre “Cuando Murat duerme

  1. Uno de los lastres con los que nos encontramos las mujeres es el estereotipo de “buena madre”, la que todo lo perdona, la que piensa en los otros antes que ella misma, la que renuncia a trabajar. Yo prefiero una madre feliz y no obligada a quedarse en un puesto de mujer frustrada, y victimista. No existe una única manera de ser madre, somos humanas y esto implica tener dudas y tener momentos de reproches….para incluso con los que más quieres. Nos sentimos demasiado culpables mirando la mirada del otro. Cualquier madre se siente reflejada al leer tus bonitas palabras y siente que es de carne y hueso. (Sonia y Maika haciendo pruebas)

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